Sin duda estas son fechas propicias para acercarnos a una parte de nosotros que solemos mantener oculta, para dejar salir nuestros sentimientos y emociones, para encontrarnos con nosotros mismos y reconocernos como personas. Y eso está bien. No está de más que, al menos una vez al año, mostremos nuestro lado más humano. Esta es una reflexión realizada desde ese estado, es una reflexión (aunque suene contradictorio),
contradictorio), escrita con el corazón.
Del mismo modo que reivindicamos la aplicación de la razón en nuestro quehacer cotidiano…
Del mismo modo que abogamos por una mayor impregnación de un espíritu que podríamos llamar de escepticismo receptivo, permeable a las nuevas ideas, pero crítico con todas -con las nuevas y con las viejas-…
Del mismo modo que denostamos las modas –al menos su aplicación indiscriminada- y luchamos contra los dogmatismos, las ideas preconcebidas y las “fes ciegas”…
Del mismo modo que, en definitiva, invocamos la presencia de la Diosa Razón -como ya hicimos en el llamado siglo de las luces- en nuestra vertiente profesional y analítica…
Con ese mismo fervor exaltamos el papel del corazón para relacionarnos con nuestros semejantes y para con la naturaleza.
Y es que no podemos olvidar nuestra vertiente emocional, especialmente al abordar cuestiones que deben tocarnos y deben meditarse desde muy adentro.
No importa cuantos millones de personas mueren de hambre en el mundo. Mueren. No importa cuantos niños sufren por el sida o la malaria. Sufren. No importa un millón más o menos. Lo importante aquí no son las cifras (se han demostrado inútiles). Lo importante son las emociones. Lo importante son los sentimientos. Lo importante es el sufrimiento. Lo importante es…que reaccionemos.
Parece que nos hemos vuelto inmunes al sufrimiento ajeno (salvo que nos toque muy de cerca), que hemos perdido nuestra capacidad de empatizar y de ser compasivos. Nos hemos acostumbrado a los grandes números y, en el mejor de los casos, nos sentimos impotentes para hacer algo al respecto. Las políticas, los intereses, los balances, el PIB y la inflación no pueden apartarnos de la cruda realidad del día a día de 2/3 de la población mundial.
Pero el problema no sólo es grave, sino que es, como tantas otras cosas hoy en día, global. No sólo porque nos afecta o nos afectará a todos (los desequilibrios y las desigualdades flagrantes terminan, entre otras cosas, generando conflicto), sino porque todo está relacionado. Hambre, enfermedad, pobreza, guerra, explosión demográfica, desarrollo, necesidades energéticas, y como no, el consabido cambio climático. En realidad, en la raiz del problema (de todos y cada uno de ellos, si es que los queremos ver por separado), está nuestra inconsciencia, nuestra desidia, nuestra falta de compasión, nuestro afan de riqueza a cualquier precio, nuestro desprecio por el medio ambiente y la vida humana, y nuestro divorcio de la naturaleza (véase nuestra opinión al respecto en http://www.infonova.es/itinerante).
Me interesa detenerme un momento en el cambio climático. Sí, somos insolidarios y egoístas y nuestra visión del mundo es falaz e interesada, pero es más que posible que el (miedo al) cambio climático nos obligue a ser más cuidadosos con el medio ambiente, que tengamos que aprender a ser más austeros, más ecológicos, más sostenibles (aunque esto sea tan solo el resultado de aplicar nuestro lado racional y diría que incluso egoísta). Y se me ocurre que, implicando nuestra parte emocional, usando nuestras emociones en la búsqueda de soluciones, puede que el problema del cambio climático termine por volvernos más compasivos, más tolerantes, más indulgentes, más preocupados por los problemas de los demás. El cambio climático, que sin duda debe ser tratado desde nuestro lado más racional, también debe atraer (de hecho, está atrayendo) la atención de nuestra parte emocional.
Decíamos en un reciente artículo sobre innovación que aun siendo una palabra de moda (ya les he hablado de nuestra fobia a las modas), es una palabra que encierra un significado, y que no está de más aprovecharse de lo que hay de positivo en esta moda, extraerle la sustancia y aplicarla en nuestro trabajo (http://www.infonova.es/manifiesto/01.html) . Pues bien el cambio climático, inminente o hipotético, pero sin duda “de moda”, está en disposición de ayudarnos a elegir un camino más solidario y más cercano a la naturaleza y a nuestros semejantes.
En resumen, creemos que el cambio climático tiene el potencial de ser el detonante o catalizador de un cambio de conciencia en la sociedad (un cambio hacia criterios más comprensivos, políticas más amables, acciones más respetuosas y actuaciones más humanas -aunque el término humano esté un tanto devaluado en nuestros días), y pensamos que es una oportunidad que hemos de aprovechar. Necesitamos hacer algo ahora, y el cambio climático, o mejor las políticas contra el cambio climático, deben catapultar y se deben integrar en esa estrategia de sostenibilidad y solidaridad que hemos de empezar a aplicar desde ya.
Por nuestra parte, las empresas, sin perder de vista su objetivo último de generar dividendos a sus accionistas, hemos de pasar de medir el lucro cesante, a medir el vatio cesante (pasar de medir cuánto dinero he dejado de ganar –por ejemplo por aplicar una medida anticontaminante- a medir cuánta energía he ahorrado), y sus dirigentes, sin dejar de gestionar la empresa, pasar de la búsqueda del éxito, a la búsqueda de la felicidad. Pero mejor les dejo con una cita de Michel de Montaigne -un pensador del siglo XVI- que se preocupó en “describir al hombre” y con nuestro mensaje para el 2008:
Estamos completamente locos: "Se ha pasado la vida ocioso" decimos; "no he hecho nada hoy". ¿Cómo? ¿Es que no habéis vivido? Esa es no sólo la fundamental sino la más ilustre de vuestras ocupaciones. "Si me hubieran colocado en posición de manejar asuntos importantes, habría demostrado lo que puedo hacer" ¿Habéis sabido meditar y dirigir vuestra vida? Ya habéis manejado el asunto más importante de todos.
Para mostrarse y lucirse, la naturaleza no necesita para nada de la fortuna; se muestra en todos los niveles tanto delante como detrás del telón. Nuestro deber es componer nuestra conducta, no componer libros, y ganar, no batallas ni provincias, sino el orden y la tranquilidad en nuestro proceder. Nuestra mayor y más gloriosa obra de arte es vivir como nos corresponde. Todo lo demás, reinar, atesorar, construir, no son sino apéndices y adminículos como mucho.
Es absoluta perfección y casi divino saber gozar lealmente del propio ser. Buscamos otras cualidades por no saber usar las nuestras y nos salimos de nosotros mismos por no saber estar dentro. Y en vano nos encaramamos sobre unos zancos, pues hasta con zancos hemos de andar con nuestras propias piernas. Y en el trono más elevado del mundo seguiremos estando sentados sobre nuestras posaderas.
Ojalá el año que viene,
al llegar estas fechas y mirar atrás,
puedas decir que has ayudado a mucha gente
a tener el mejor año de su vida.
¡¡Feliz, próspero y solidario 2008!!
EL EQUIPO DE INFONOVA