Resulta bastante intuitiva y sugerente la imagen del árbol de conocimiento. El conocimiento crece y se ramifica en forma arborescente. El conocimiento se asienta sobre conocimiento más elemental tal como hacen las ramas de un árbol sobre otras ramas.
Siguiendo esta metáfora, podemos indicar que iniciar nuevas
nuevas ramas implica rupturas radicales con el conocimiento existente (son caminos inexplorados que presentan mayores dificultades, pero que por contra presentan un mayor potencial y tienen una menor exigencia de conocimientos previos). Por el contrario, pequeñas ramificaciones en los extremos de frondosas ramas del conocimiento se asientan sobre terreno más seguro pero exigen mayores conocimientos previos y ofrecen resultados menos espectaculares, asemejándose más a la innovación continua.
Las organizaciones hemos de crecer de ambas maneras, con mucha frecuencia iniciaremos nuevos brotes que den lugar a ramitas de conocimiento y que quizá germinen en frutos (productos), pero de vez en cuando, cuando surja la oportunidad o la idea, iniciaremos nuevas ramas desde el tronco que, si arraigan, nos abrirán nuevos caminos y múltiples oportunidades.