Hacer que emerja, que brote, que surja el conocimiento no va sólo de saturar un sistema de conocimiento o de evitar las trabas cognitivas o emocionales. Hacer que aflore conocimiento va también de crear las redes, las estructuras que permitan que el conocimiento sea utilizado y compartido, pero va más aún, del establecimiento de vínculos o asociaciones de pensamiento o reflexión que, promovidas y enfocadas por la dirección (mediante el ejercicio
ejercicio de un liderazgo efectivo y visible), involucren a toda la organización en la búsqueda de la mejora continua y radical y la innovación a todos los niveles.
La creación del clima, del ambiente adecuado en el que las personas estén motivas para adquirir nuevo conocimiento, estén felices de aportarlo, de participar, se sirvan de él en su día a día, lo compartan y lo mejoren es uno de los principales objetivos que tanto el responsable máximo de la organización como el gestor de innovación han de marcar en su plan de actuación.
El papel de la dirección en la creación de un clima tal que favorezca la creación de redes de conocimiento y razonamiento, es de vital importancia para el éxito de la organización.