Pese a lo comentado en la chispa inicial, no podemos obviar el conflicto existente entre innovación y conocimiento. Los cambios de paradigma (la innovación radical) suponen que conocimientos aceptados y ciertos, pasen a ser rechazados y falaces. E incluso la innovación continua (la generación de pequeñas dosis de conocimiento nuevo o el refinamiento del existente) supone que ciertas ramas del conocimiento "potencial", de lo que "podría ser", deja de ser posible. Innovar, una manera de ver la generación de conocimiento nuevo, implica poner en crisis el conocimiento existente.
Por tanto, se ha de estar dispuesto a ROMPER con el conocimiento existente, a enfrentar nuevos cursos de pensamiento (y las consecuencias que de ellos se derivan), a desaprender lo aprendido, a despegarse de la seguridad que proporcionan los pilares sobre los que asentamos nuestro saber, a evitar los dogmatismos y a olvidar las ideas preconcebidas. Es cierto, la duda y la incertidumbre no nos gustan nada, pero un poco de "razonamiento caótico", sin arraigos ni certezas tampoco arruinará nuestras vidas… y a lo mejor hasta nos permite escribir una página en la historia.
Incluso en situaciones en las que no hay precedentes, cuando estamos explorando territorio que no ha sido pisado (lo que podríamos denominar una situación de pre-ciencia), o cuando estamos navegando en el terreno casi de la fantasía, de lo absurdo, de las ideas locas, la inspiración no surge de la nada, sino que brota en terreno abonado por el conocimiento. La formación, tanto especializada como de carácter renacentista, resulta por tanto imprescindible para hacer aflorar nuevo conocimiento.
Aunque estoy anticipando ideas, nuestra visión acerca de la estructura que debe dar soporte a la gestión del conocimiento, debe incluir la creación de una función de la innovación. Y aunque toda la empresa ha de participar del proceso, las reuniones de la función de la innovación funcionan como una especie de "nebulosa virtual" en la que las ideas surgen del gas hiper-saturado de conocimiento, del mismo modo como surgen las estrellas en una nebulosa real saturada de átomos de hidrógeno. Vivero de estrellas.